martes, 27 de marzo de 2012

Olvidar = Recordar

Olvidar qué...
olvidar la agonía...
cuando nada esta por morir
recordar que deseo dejar atrás...
el olvido.
recordar, que encuentro en cada cosa...
una analogía.
recordar, que no olvido...

olvidar qué...
que cada intento, es volverse...
con la pared, de su imagen...
que como un mapa programado...
me lleva y lleva...
como un viejo... viejo recuerdo,
que está nuevo...

olvidar qué...
que es tan fresco como sus golpes,
tan fresco como esa mirada,
tan fresco como esa sonrisa,
tan fresco como esas manos...
tan... como sus golpes...
abstractos, como su salvación...
y mi perdida embriaguez.

olvidar qué...
que sigue ahí, cuando busco...
y cuando no lo hago.
que cuando busco...
encuentro una sonrisa sin dirección...
que sin hablar, tocar o buscar...
me pierdo... sin querer olvidar.

¿O es que no quiero olvidar?...
que veo cuando se mueve,
como un ave libre,
y que deja en silencio...
una agonía sin consuelo.
un lívido en el rostro...
del autor, del buscador... de sus flagelos.

¿O es que no veo?...
que es suicida, no querer olvidar...
que cuando las aves están libres...
son difícil de alcanzar.
¿O es que... qué es resignación?...
No encaja en dejar atrás...
no encaja en olvidar...
no encaja en dejar de recordar...

Y es que olvidar, me queda lo mismo...
que recordar.

[...]



jueves, 5 de enero de 2012

En el puente.

Déjame escribir en el puente…

Tras la canción, mis sentidos

Perdidos se multiplican…

Déjame escribirte, musa achorada…

En una vasija veo tu rostro, sin agua

Sin vino, seca mi garganta tu nombre,

Veo tu rostro, tu pintura, silenciosa

Y la sal llueve en un día soleado,

Y déjame morir, aunque quiera vivir a tu lado.

Otra alma, déjame la libertad…

Déjame de enredarme en tu vestido,

Déjame en su olvido…

Déjame en el sufrimiento, sin recuerdo…

Déjame cerca de ti y lejos de tu sombra

No mates mi muerte… déjame escribir en su puente.

Déjame mientras espero su dirección.

Estoy escribiendo su bienvenida, que no llega…

No llega, y ciego la veo en mis cartas que no llegan.

Déjame escribir en su puente… las cartas, el poema…

Déjame escribir sin perderte, sin tu sombra y en el puente…




Una carta.

Te dejo esta carta, esta insignificante…

Te la dejo como lo quieres… sin sentido.

Dejo la carta, sin sobre, sin que la recibas.

Dejo tus miradas, en mi mente, en la carta.

Dejo mis sentidos, dejo a mi olvido tu presencia…

Y dejo la carta, en un pálido o verdoso fondo.

Y dejo tus alas de libertad infinita.

Y dejo tus ramas que no me sueltan.

Todo te la dejo… en la carta.

Esa carta sin destino… es mi mismo destino.

Dejaré la carta y la dejo sin que la veas…

Esperando y a la vez no que la leas…

Te dejo la carta, te la dejo…

Sin la tinta, es digital…

Te dejo la carta y espero, no la recibas…

Te a dejo para que te salves

Te la dejo… aunque ya no me salve.

Te dejo la carta, sin saber…











lunes, 19 de diciembre de 2011

Tren y regresar.

Sigue el tren andando, y mi pasado anda como rocas en un camión, sigue mi piel quemando, y las gotas se juntan sin tener una canción. Sigue sin nadar en aquel paradero, y mis poemas no encuentran en los ojos ningún sendero. Sigue esperando en aquel paradero, autor-pasajero de ricos y asquerosos acarreos.

Sin escribir, el velo que cubre, el sentir que oculta... sigue andando y sigue esperando. Sus mejillas secas como los mares sin vida, frías como los postes que son su poder arrebatador... la palabra y el silencio. Porque callas solo para escribir y esperas para esperar el tren que anda y te manda... a carrear tus pensamientos. Porque callas si puedes hablar, y escribes solo para esperar en ese paradero. Paradero que busca una esquina, un rincón y una habitación; con cama, sin ella o con una mujer o sin ella y con una compañía o sin ella... esperas, sollozo el tren, el bus, el taxi o la carreta. Y esperando me encuentro, el tren que anda o el caballo que jala o el motor que fuma o la nave que se desploma... sin esperar, espero tomarlo, porque escribirlo me duermo, y esperando lo escribo... al tren que anda.

Mis mejillas queman de tanto frío, y la dulce voz que canta se seca en el rocío. Un libro se queda sellado, y mis manos paralíticas y torpes quedan, porque callo y no escribo, porque el desconocido placer desaparece en las orgías de la ciencia, porque soy autor y no lo soy, porque duermo olvidando que existe, porque duermo olvidando que sigo esperando el tren que me anda en el vagón equivocado. El paradero no encuentra esquina, pero es mi esquina mi paradero, quien me da el sueño, las gulas y el encierro. Vale autor sin obra, vale estar callado, sin escribir y sin sueños. Mis sueños duermen sin cansancio y mis ilusiones ya no tienen espacio. Entonces duerme sin estar andando, sin estar esperando... sentado en un vagón, sin esquina y que es paradero.

No encuentra poesía, no publica a su musa, y se equivoca en ella. El tren sigue andando sin parar, sin esperar. El tren y su paradero caminan sin hablar. El pasajero sin boleto ya no le queda esperar, el paradero sin esquina solo queda al voltear. Y para volver se busca, para volver se lava en la brisa, para volver en el charco, para volver, se ha escrito. Cuánto durará el regreso, cuánto el escribir, cuánto el callar. El paradero sin esquina regresa, con él el pasajero-pseudoautor, esperando como anda el tren, el bus fumón y la nave desplomada... el paradero no tiene esquina, el pasajero no tiene tren... solo un espacio donde se puede elevar los pies. CODO DEL PARADERO.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Detrás de una ventana.

Te veo detrás de una ventana. Cuelgo mi cabeza y te veo. En mis sueños susurro tu nombre y hoy ya no estas en mi ventana... simplemente cerca y no te toco. Déjame sin tus fotografías, mas te guardaré en mis dulces pesadillas.

Escritor, pseudoescritor, no gaste su papel; no lo guardes. Queda impreso en el olvido de su ventana. Déjalo guardaré su sonrisa, su cabello y su silueta. Deja que la odie porque tu indiferencia te castiga, mas la de la criatura te destroza, te pisa y aplasta. Ya no lo guardes, guardala y ya no lo despiertes, ya no abras los ojos. Ya no duermas... ya no la pienses.

Pseudoescritor, su ventana ha desaparecido. Así como tu tranquilidad, su presencia desaparece. desaparece como su voz.

Detrás de una ventana te veo.
Presente tu vida... mi tinta no lo está.
No te escribo, ni te hablo... no me acerco.
De mi silencio, no pude esperar.

De mi ventana me haces colgar...
detrás de mi ventana finjo hablar.

Te veo pasar, detrás de una ventana.
Sigues ahí y sin verlo el sol te ilumina.
El día y la noche detrás de tu ventana.
Te veo pasar y mis manos no caminan.

Detrás de mi vantana no hay papel,
solo polvo y tus fotografías.

Desde mi ventana veo tu ventana.
Y te veo salir y te veo entrar.
Solo quiero esa mirada, tus palabras.
En verte, sólo me queda callar.

Detrás de mi ventana...
sollozos mi dedos, me duermo en tu voz.




viernes, 22 de abril de 2011

Pan de radiografía.


Dame la sed de tu presencia...
dame lo que no tengo.
Y quita tus sueños que me nublan,
me nublan el alma y...
la luz de tus presos.

Dame palabras...
dame lo que siempre pierdo.
Y quita tus colores pardos,
pardos en...
los paisajes necios.

Dame esa paciencia...
dame lo que da miedo.
Y quita tus rostros,
rostros, que en mi conciencia...
queda sin reflejos.

Y no me des...
las cortezas que te cubren,
ni tus hojas de otoño...
secas, que avisan tu invierno.

Y no me des...
tus espaldas que te pierden,
ni tus sonrisas de odio...
odio que duerme sin sueño.

Y no me des...
panes de radiografía...

Al menos la mitad...
de tu vida, de tu tiempo, de tu corazón.
Si no es la mitad...
la cuarta parte de tu cabellera, de tu nombre.

Al menos la mitad...
de tu sabor, de tus dos ojos, de tu voz.
si no es la mitad...
la octava de tu sonido más grave que no rebote.

Al menos la mitad...
de tu pan, de tus dunas, de tu desierto.
si no es la mitad...
la nada de tu indiferencia, o al menos tu radiografía.

sábado, 26 de marzo de 2011

Bosque - jardín.

¿Cómo estoy? Sentado en un jardín, en un tronco con los pies ardiendome con el tanto caminar, sin saber cómo regresar al camino de ida. Busqué unos atajos, busqué en un bar las cosas que me había olvidado, pero seguí caminando hasta llegar a este bosque-jardín; perdido y solo, sin dinero y unas cuantas gotas de agua en una botella.

Acaba de amancer y ni siquiera estoy borracho, estoy tan sobrio que siento lo incomodo que es desacansar en este tronco, pero en fin puedo descansar. Los rayos solares me dan a la cara y estos árboles no tienen ni siquiera hojas para que me puedan hacer sombra, estan tan desnudos y secos como mi alma y mi razón. Sigo dejando pasar el tiempo, buscando rutas al camino, y ya voy cuatro intentos en medio de la oscuridad de la madrugada. Con el ardor de mis pìes mis pasos se han vuelto lentos que las hojas secas se han vuelto espectadoras mudas de mi caminar. Y mi sombra la única acompañante que me queda.

Perdí el camino, el entusiasmo y el calor de su respiración. En el jardín busqué un atajo; encontré su recuerdo, la memoria encerrada en su nombre. ¿Será una brújula que necesito, un mapa para andar y llegar de nuevo al camino? ¿Qué es? Que no me deja pensar, me hace respirar tan profundo que no hay tiempo para exhalar, y no es peor que mi asma, es peor que volverse loco. A pesar que la busqué en el bar, la encontré en el calor del bosque-jardín entre las ramas secas y hojas caidas y en el extraño sol de invierno. La encontré perdido y confundido en el regreso.

¿Quién es? --autor no me respondes-- solo está en mi memoria amnésica. A pesar de no conocer el recuerdo, entiendo que regresó, a mi cabeza, a mis entrañas al aire que no respiraba. Solo el otoño borrará de mis recuerdos y el verano no dejará ni cenizas de lo alguna vez estuvo aquí... y el bosqué la guardará.

[...]

Las películas me olvidan
y mi paciencia se ha inquietado...
los gritos en mi alma no se afinan
y la sal de mi sudor no se han secado.

y sigo pensando el mañana
y a pesar que sigo perdido sin futuro...
sigo viendo su horizonte por la ventana...
Enredado de una rama, yo me oculto.

El amanecer no me despierta,
ni siquiera el reloj crepuscular.
sigo dormido en esa alba y me destierra.
Sigo durmiendo en el futuro de vida rectangular.

ya ni se escriben entre líneas,
mi vida, mi rencor y mi ironía.
Se cuadiculan como mis cortinas...
mis manteles y mi paralítica sonrisa.

Mi futuro se vive como letras,
y números sintetizados como colores.
Mis poemas dejan su puerta...
por buscar razones... las ya no razones.

no hablaré de corazones...
sino de miserable amanecer
de amargos caparazones.
Duros y lentos como crecer.

[...]